martes, 23 de diciembre de 2014

Llegaron las vacaciones!


Hace un mes,  mientras dormía cuatro horas por día, quería que llegaran las vacaciones para ponerme a escribir todas las ideas y artículos que voy acumulando de manera inevitable durante el año en mi cerebro… porque los días cada vez se me hacen más cortos, aunque paradójicamente la semana a partir del martes a la tarde se transforma en una película en cámara lenta, un mega chicle interminable. Como el “Jirafa” que comíamos en la primaria, pero un poco más grande… bastante más grande… si parece que no se acabara nunca.
Ahora, hace dos días que estoy de vacaciones… y todavía no junto fuerzas ni para arrastrarme al cine, a ver una de las 10 películas que también tengo pendientes… a decir verdad, tampoco he juntado la voluntad para empezar, siquiera… alguno de los por lo menos ocho ( o son dieciocho?) libros que tengo amontonados en la mesa de luz. Lo bueno es que sirven de posavasos o bandeja improvisada, también apoyo el despertador en lo alto de la pila,  así no tengo que levantar la cabeza a la mañana para ver cuánto estoy llegando tarde al trabajo ese día.

La verdad es que tengo sueño todo el día, bajar las revoluciones significa que inexorablemente nos convertimos por unos días en amebas que duermen y duermen.. y van de la cama al sillón… y cuya actividad más revolucionaria es cambiar de canal. Lo malo de ese ejercicio es que mientras nuestro cuerpo no quiere moverse, la cabeza grita “ Tenés que escribir ese artículo, tenés que aprovechar y salir a caminar a la tarde, hacer ejercicio, pintar esa silla… “Y no pasa nada. Nada. Silencio… unos minutos de cargo de consciencia  y me tapo y sigo durmiendo. Total en las próximas vacaciones  voy a poder hacer todo eso, y mucho más!



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